martes, 21 de octubre de 2008

Romumenia

En 1972 se publicó Las Ciudades Invisibles, un hermoso libro de Italo Calvino que hace hablar a Marco Polo, describriendo metrópolis fantásticas en forma de relatos de viaje a Kublai Kan, rey de los tártaros.
Esta obra es significativa para mi por varias razones y Nora me la regaló para que me acompañara durante mi estancia en Roma.
Pensé que si Marco Polo hubiera imaginado una ciudad como ésta, algo parecido a lo siguiente diría frente al Gran Kan.

Romumenia es una ciudad infestada de ratas que por la noche comen los detritos de su población escandalosa y glotona, es una ciudad que en invierno huele a castañas tostadas y en verano a orines de muchachos asfixiados entre palacetes cubiertos de ollín. Romumenia, extendida sobre siete colinas, procrea infinitamente la pereza contemplativa del viajero y el callado sollozo del migrante.
Quien llega por primera vez, debe hurgar en su mente para separar las imágenes de la metrópoli escuchada o leída en crónicas ajenas y ésta de las impresiones propias, pues cada itinerario ha sido ya mil veces caminado y las proezas que conmemoran cada monumento han sido ya reseñadas en todas las lenguas. Ríos de tinta y saliva han corrido para contar cómo los dioses confeccionaron el mapamundi gracias a las conquistas y a la sangre derramada por los hijos de Romumenia.
Tal vez porque esta tierra está enquistada entre lo soñado y lo vivido es que no crece; sus confines hoy son los mismos que tenía en sus tiempos de mayor gloria.
Mientras el viajero duerme y sueña con las exploraciones del día siguiente, los romumenos salen a espantar a las ratas, a pulir sus obeliscos, a limpiar el vómito de los trasnochados, a retirar las monedas lanzadas a las fuentes, a lustrar los pasamanos de sus museos, a borrar las inscripciones de los enamorados, a barrer sus laberintos para el solaz infantil de los turistas, a recoger los olores a café y a tabaco y las malas palabras que quedaron en el aire desde la tertulia vespertina.
Al alba, la Romumenia real está lista para ser una con la Romumenia ilusoria, remozada en la constricción de los límites que impone su propio mito. Fundidos a una historia decadente, cientos de metarrelatos son reinventados por cada visitante que se convierte en un personaje ilustre que mete un poco de rubor y obsequia, con adjetivos refritos, a una metrópoli que se consume en su decrépita hermosura.

3 comentarios:

Pablo Cabañas dijo...

Woaowooo...
La neta, supongo que la ciudad ha de ser una tierra de contrastes (al menos eso entendí).

Saludos desde Yucatán.

3S dijo...

Qué buena manera de empezar tu blog. Pues sí, Romumenia es todo eso y más, pero sobre todo contradictoria. El único aspecto con el que no estoy muy de acuerdo es que en las noches limpian... ¿limpian? hasta ahora no los veo. Ni limpiezas reales, ni limpiezas metafóricas.

Dorothy dijo...

Muchas gracias por compartir el inicio de esta "nueva aventura", por lo que escribes no extrañarás mucho "nuestro complicado México" aunque los del INEGI insistan en que la ciudad está creciendo yo coincido más con el investigador del COLMEX (que en este momento no recuerdo su nombre), que de lo que se trata es que el DF pronto será una megalópolis pero con ayuda del Estado de México, aunque encuentro similitudes creo que no cambiaría la ciudad de México ésta que me cobijó, la que funciona muy a pesar de todos sus desórdenes, la que no deja de sorprenderme y enamorarme